En la mayoría de la ocasiones y debido a la permisividad social, el alcohólico no suele reconocer su problema. Cree que el alcohólico es, únicamente, aquel que bebe desde que se levanta y no es capaz de estar sobrio. La adicción al alcohol tiene como principal característica la pérdida de control sobre el consumo y el progresivo deterioro en su personalidad.
Afloran sentimientos de culpa, se recurre a la mentira, se pierde la objetividad... todo ello se traduce en un malestar creciente y obsesivo que lleva a aumentar el consumo, poniendo en crisis la propia integridad y la de las personas más cercanas
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